Buenas a todos,
Quería escribir este artículo a modo de autobiografía, a la vez que compartir mi historia con este proyecto, que considero única y quizá interesante para algunos.
Hace ya cinco años buscaba lo que sería mi primer y único coche. Tenía varias opciones en mente, pero entre todas destacaba el Toyota Celica, en gran parte por culpa de varios videojuegos y algún que otro Hot Wheels.
Eso sí, siempre tuve claro que la unidad tenía que llevar el bodykit TRD de Toyota. Sinceramente, el coche de serie siempre me ha parecido demasiado básico, incluso algo feíllo. Así que en mi cabeza solo existía la opción de comprarlo si, con el tiempo, podía dejarlo tal y como yo lo imaginaba.
Finalmente, en enero de 2023 me lancé a comprarlo. Ya la propia compra fue toda una experiencia: por aquel entonces no tenía carnet de conducir ni la menor idea de cómo se compraba un coche.
Me enamoré de una unidad en Alicante, viviendo yo en Barcelona. Así que le compré a un amigo un billete de avión y nos fuimos por la mañana a por él. Si el coche estaba mal o no me convencía, tocaba buscar sitio para dormir o ver cómo volver ese mismo día.
A día de hoy, cada día que pasa me doy más cuenta de la suerte que tuve. El coche estaba perfecto y nunca me ha dado ningún problema. Estaba en un estado impecable, en color rojo como yo quería, y era el lienzo perfecto para empezar a construir el coche de mis sueños.
Una vez en Barcelona y ya con el carnet de conducir, fui cuidándolo como pude. No tenía ningún familiar ni amigo al que le interesase este mundillo, así que acerté y me equivoqué yo solo, de la mejor forma que supe.
Ahora solo quedaba la “mejor parte”: modificarlo con el kit TRD que siempre había querido. Pronto me di cuenta de que todo iba a ser mucho más difícil de lo que pensaba. A día de hoy, en 2026, he llegado a ver algún coche por Wallapop con alguna pieza suelta del kit, pero encontrar componentes originales de este kit de carrocería para este coche en España es prácticamente imposible.
El kit consta de paragolpes delantero, taloneras, difusor y alerón. Alerones se ven algunos, en su mayoría réplicas en ABS o fibra de vidrio, pero no son 100% iguales a los originales. No exagero cuando digo que buscaba cada día en todas las páginas web habidas y por haber, y no encontraba absolutamente nada.
Al final di con algunas páginas que vendían el kit en réplica, pero no eran de fiar o los resultados no eran buenos, así que el proyecto se quedó en stand by, esperando su oportunidad.
Mis ganas de modificarlo no siempre fueron de la mano del buen gusto, y acabaron llevándome a poner tonterías como este tow de Initial D.
Con el tiempo acabé reventando neumáticos, y me surgió la oportunidad de comprar unas llantas Japan Racing JR3 en 18” con neumáticos Yokohama Advan Fleva, de los buenos.
Aunque siempre he pensado que en 17” el coche va mejor —con 18” se siente algo más pesado—, es cierto que al ser más grandes la estética mejoraba bastante, así que acabé accediendo.
Esta fue mi primera modificación de verdad. Nada de pegatinas, ni accesorios, ni luces dinámicas de intermitentes de AliExpress.
Pasaban los meses, usaba el coche a diario para estudiar y trabajar, y por las noches me lo llevaba de tramo hasta bien entrada la madrugada, intentando mejorar unos tiempos que solo yo me cronometraba.
Y fue en agosto de 2024 cuando por fin surgió la oportunidad que llevaba esperando más de tres años. Prácticamente el motivo por el que esta historia merece la pena.
Encontré a un chico en Facebook Marketplace, en Gales, que vendía un Celica por un precio razonable con el kit TRD, que se comercializó en Reino Unido a principios de siglo. Al kit solo le faltaba el paragolpes delantero. El chico tenía cuatro Celicas iguales, que había usado para circuito. El Celica en cuestión era uno que estaba a medio desguazar en su patio y llevaba ahí unos cinco años como donante, así que había sobrevivido todo ese tiempo al clima inglés a la intemperie, con todo lo que eso conlleva.
La idea era una locura. Cualquiera sabe que Facebook Marketplace no es el mejor sitio para fiarse de una compra, y menos aún a 2.000 km de distancia. El chico no quería enviarme el kit, ya que estaba en mal estado y decía que, si lo mandaba y se rompía, se quedaba sin kit y sin dinero.
Empecé a barajar opciones: ir en avión, pero luego ¿cómo me lo traía? Ir en avión y enviarlo yo desde allí… ni idea. No sé muy bien cómo, pero acabé liando a mi padre y le convencí para hacer unas vacaciones “express” a Inglaterra con el único objetivo de ir a buscar el kit.
Pusimos rumbo a Gales en su coche y, después de muchas horas de trayecto, allí estaba. A 2.000 km de casa, tras muchos años de espera y un paso por el Eurotúnel.
El kit estaba tal y como aparecía en las fotos: lleno de musgo, con la pintura saltada, insectos dentro del alerón y un difusor con recortes chapuceros por todos lados.
Tuve suerte una vez más, porque el chico fue legal y no era ningún tipo de estafa. Volví a casa con el kit y me pasé varios días restaurándolo.
Después de un trabajo intenso de limpieza, las piezas habían vuelto a renacer. Ya solo quedaba llevarlas a pintar.
Qué diferencia, ¿verdad?
Todo iba muy bien, quizá demasiado bien. Mi sueño empezaba a tomar forma y, como la vida me ha enseñado muchas veces, cuando todo va demasiado bien… algo pasa.
Hice un viaje por España, algo que hacía a menudo con el coche, y circulando a 120 km/h por una autopista tranquila, a la altura de Zaragoza, un animal —que a día de hoy sigo sin saber qué fue— se me cruzó de repente. Yo iba por el carril derecho de una vía de tres carriles.
Lo primero que me vino a la cabeza fue pensar en cómo iba a quedar el coche después de todo el esfuerzo que llevaba encima. Todo pasó en un segundo, no tuve tiempo de reaccionar, y menos aún en un sitio donde jamás esperas que se te cruce ningún bicho. Era la noche de un domingo, así que no iba a poder volver a casa con el coche, que se quedó en Zaragoza.
Por suerte, viéndolo con perspectiva, no fue nada grave. Pero hacía solo tres días que había montado el kit.
Solamente tres días después de haber montado el kit, sin yo saberlo, me iba a quedar sin coche durante más de cinco meses.
Realmente el golpe no fue para tanto; no afectó al radiador ni a nada importante. Aun así, había que cambiar el paragolpes, justamente la única pieza que no había podido encontrar. Dentro de la mala suerte, tuve suerte. Solo de pensar que tres días después de montar el kit hubiera tenido un siniestro serio, todavía me entran escalofríos, así que prefiero quitarme esa idea de la cabeza.
Llevé el coche al peor taller al que podría haberlo llevado, recomendado por ex compañeros de trabajo. Desde el primer día todo eran largas: con el precio, con los plazos, con absolutamente todo. Pasó un mes entero de excusas y no avanzaba nada.
Así que pensé que, ya que esto iba para largo, iba a aprovechar esta “oportunidad” para completar el kit entero. Como era de esperar, fue imposible encontrar un paragolpes TRD, igual que siempre lo había sido y lo sigue siendo. Empecé entonces a barajar opciones en réplica y acabé comprando uno en Crazyfactory, una página —creo que de Letonia— donde hacen el kit completo en réplica.
De todas las páginas que miré, era la que mejores opiniones tenía y, aunque fue caro, a día de hoy no me puedo quejar. El paragolpes llegó sin pintar y, pese a ser de fibra, encajaba casi a la perfección.
La única imperfección que tenía era que el capó no cerraba del todo bien y que el paragolpes no traía rejillas para los huecos. Me quedé alucinado cuando el taller decía que no sabía cómo solucionar el ajuste y que, si podía, les consiguiera yo las rejillas. De toda la vida —y habiendo trabajado yo en varios talleres— es el taller el que busca la solución y luego ya te lo cobra, pero bueno… este taller fue otra historia aparte.
Al final me las apañé por mi cuenta: solucioné lo del capó con unos soportes y las rejillas las compré por Amazon.
Una vez pintado, después de años de búsqueda y de un accidente por el camino, el coche por fin se veía como en los videojuegos a los que había jugado y en las revistas que había tenido.
El coche de mis sueños.
Como todo con este coche, las modificaciones estéticas han ido llegando siempre a raíz de necesidades mecánicas, como habéis podido comprobar.
Hace poco menos de un año, después de muchos tramos nocturnos y 25 años con la suspensión original, los amortiguadores delanteros reventaron. Me di cuenta tarde, ya que veía que perdían aceite y todo el paso de rueda estaba empapado, pero en realidad estaban mucho peor de lo que pensaba.
Como homologar todo el kit fue una pesadilla que duró meses, decidí montar una suspensión no demasiado ambiciosa y que “no hiciera falta” homologar. Compré amortiguadores Kayaba Excel y un kit de muelles Eibach a muy buen precio.
La verdad es que este coche es altísimo para lo que pretende ser un deportivo, aunque sea de bajas prestaciones.
Bajó aproximadamente unos 3 cm delante y unos 4 cm atrás. Una diferencia notable, que se nota mucho a la hora de una conducción “divertida”.
Hace unos meses, además, compré los faros del restyling, que en mi opinión son mucho más bonitos, y todavía más para un Celica rojo, para que hagan juego con el conjunto.
Y por último, hasta la fecha, me surgió una oportunidad para mejorar el sonido del coche. Como a todo el mundo, me gusta que suene más y mejor, pero soy algo maniático con el sonido, por eso nunca me había animado a hacerlo, pese a que todo el mundo me animaba.
A pesar del perfil que puede dar el coche, soy bastante tranquilo, y los escapes muy ruidosos no son para mí. Me gusta que este tipo de coches “suenen a Evo”, como les digo a mis amigos: ruido fuerte, pero compacto. Con reverberación, pero sin ser molesto para los peatones. Aquí no puedo poner sonido, pero el resultado fue exactamente lo que quería, y la estética trasera del coche mejoró sustancialmente junto a los pilotos.
Después de tantos años, puedo decir que he conseguido el coche de mis sueños, de la forma en que siempre lo quise. Todavía le quedan muchas cosas por hacer; por ejemplo, el paragolpes TRD, al no ser original, no tenía sus antinieblas.
Por eso compré unos antinieblas originales. Lo que me encontré es que no encajan del todo en los agujeros diseñados para ellos, así que ahora mismo llevo los de serie, en una posición que no sería la suya para este paragolpes. Llevo ya unas semanas trabajando en ello. También he cambiado los discos de freno por unos más grandes, entre otras muchas “tonterías”.
Cada día, al ir a trabajar y subirme a este coche, me da la motivación necesaria para afrontar la jornada. Lo noto especialmente cuando, por cualquier motivo, no puedo disponer de él y tengo que ir de otra manera. Este coche me ha visto aprender a conducir, aprender de mecánica, equivocarme y acertar. Me ha acompañado conduciendo tranquilo, y conduciendo rápido; en algún evento nacional, y en muchos momentos de la vida cotidiana.
Nadie sabe lo que depara el futuro, pero realmente me gustaría que este coche me acompañe toda mi vida, independientemente de los otros coches que tenga o de las averías que pueda sufrir. Si algún día tengo que tenerlo parado meses para repararlo, lo haré.
Muchas gracias a cualquiera que haya leído esta historia, y animo a todos a trabajar en sus proyectos, sea cual sea el coche, y sea más o menos ambicioso.










